Expertos advierten sectores del Biobío con condiciones que podrían favorecer aluviones y deslizamientos - ConceAhora

Expertos advierten sectores del Biobío con condiciones que podrían favorecer aluviones y deslizamientos

La emergencia registrada en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, donde una corriente de agua, barro y rocas arrastró vehículos, volvió a poner atención sobre los riesgos asociados a lluvias intensas en zonas con fuertes pendientes.

En la Región del Biobío existen sectores donde se combinan varios de los factores que pueden favorecer este tipo de fenómenos, particularmente en áreas afectadas por incendios forestales y con urbanización cercana a laderas.

Penco-Lirquén aparece entre los sectores que requieren mayor atención

El académico de la Facultad de Ingeniería e investigador del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables (CIBAS) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Diego Caamaño, identifica a Penco-Lirquén como uno de los puntos que presentan condiciones relevantes para evaluar.

Los incendios registrados en enero de 2026 afectaron laderas de la cordillera de la Costa que descienden directamente hacia sectores poblados.

“Tenemos los mismos tres factores en la zona. Con diferencias de altura respecto de la precordillera de Santiago, pero los tres están presentes”, explica.

Estos elementos corresponden a precipitaciones intensas, pendientes pronunciadas y terrenos con material suelto producto de incendios recientes.

Biobío ha registrado principalmente deslizamientos

Pese a las similitudes, el especialista advierte que los eventos observados durante los últimos años en el Gran Concepción han correspondido mayoritariamente a deslizamientos de ladera y no necesariamente a aluviones con las mismas características del ocurrido en Santiago.

Entre los sectores donde existen antecedentes menciona la Ruta de la Madera, Ruta 150, Lirquén, Autopista Concepción-Cabrero y Tomé.

La región cuenta además con episodios históricos de alta gravedad. En 2006, un evento ocurrido en el cerro Manquimávida de Chiguayante provocó la muerte de una decena de personas.

¿Por qué una lluvia intensa puede transformarse en un aluvión?

El comportamiento de las cuencas pequeñas y con pendientes pronunciadas es uno de los elementos determinantes.

Cuando grandes cantidades de agua caen en un período breve, el escurrimiento puede concentrarse rápidamente en quebradas y cauces, elevando los caudales en pocos minutos.

Suelos saturados aumentan el escurrimiento

En el episodio ocurrido en Las Condes existía además una condición previa: había llovido durante aproximadamente una semana.

“El suelo ya estaba saturado y había perdido la capacidad de absorber más agua, entonces la lluvia nueva escurre por la superficie en lugar de infiltrarse”, señala Caamaño.

Cuando el terreno deja de absorber agua, una mayor proporción de las precipitaciones se desplaza directamente hacia zonas más bajas.

La isoterma cero también puede influir

Otro factor corresponde a la altura de la isoterma cero, que marca aproximadamente el nivel donde las precipitaciones pasan de lluvia a nieve.

Si esa altura aumenta, sectores donde normalmente se acumularía nieve pueden recibir agua líquida, incorporando inmediatamente ese volumen a quebradas y cauces.

Sin embargo, el investigador enfatiza que el peligro no depende únicamente de la cantidad de agua.

“Un metro cúbico de agua limpia pesa una tonelada, pero el mismo volumen de una mezcla de agua con barro y piedras puede pesar casi el doble”, explica el académico.

Al desplazarse por una pendiente, esa mezcla puede adquirir suficiente fuerza para transportar sedimentos, árboles, rocas, escombros e incluso vehículos.

Las calles pueden convertirse en canales para el agua

Cuando el flujo alcanza sectores urbanizados, las propias características de la ciudad pueden modificar su recorrido.

Las calles poseen superficies relativamente lisas, mantienen pendientes definidas y están delimitadas por elementos como veredas, muros y soleras, lo que puede favorecer la concentración del agua.

“La calle se convirtió en el nuevo cauce, y eso concentró el agua, haciéndola llegar más rápido y más lejos”, explica.

A este escenario se suman colectores, canales y alcantarillas, cuya capacidad puede resultar insuficiente frente a un evento extraordinario o disminuir si quedan bloqueados por piedras, barro y otros materiales.

En el caso específico de Las Condes, el especialista sostiene que será necesario un análisis técnico para determinar cuánto influyó cada uno de estos factores.

Incendios forestales pueden aumentar la vulnerabilidad

Las zonas afectadas por incendios presentan una condición adicional de riesgo.

El fuego elimina vegetación y raíces que contribuyen a mantener el terreno unido, dejando una mayor cantidad de suelo expuesto y disponible para ser desplazado durante precipitaciones posteriores.

El fuego también puede reducir la infiltración

Las altas temperaturas pueden generar modificaciones en la superficie del suelo que dificulten la absorción del agua.

“Sin raíces que sujeten el suelo, el material queda listo para ser arrastrado, y la costra de cenizas que deja el fuego repele el agua, de modo que escurre todavía más en vez de infiltrarse”, señala.

Esto puede generar simultáneamente una mayor cantidad de escorrentía superficial y más material susceptible de ser transportado.

Prevención requiere infraestructura y planificación

Para Caamaño, reducir estos riesgos exige trabajar tanto en infraestructura como en prevención.

Entre las medidas que plantea aparecen sistemas para controlar sedimentos, drenajes diseñados para enfrentar determinados caudales, monitoreo meteorológico e hidrológico, alertas tempranas y mantención permanente de las obras existentes.

“Frente a estas amenazas, las soluciones deben combinar obras de ingeniería y medidas de prevención”, señala el investigador del CIBAS-UCSC.

También considera fundamental avanzar en planificación territorial, particularmente evitando nuevas construcciones en sectores donde las condiciones naturales aumentan la exposición.

Laderas quemadas seguirán bajo observación

La situación posterior a los incendios forestales es otro aspecto que, según el especialista, debe mantenerse bajo vigilancia.

Penco-Lirquén concentra varios factores que justifican especial atención: laderas recientemente quemadas, viviendas emplazadas en zonas bajas y períodos de precipitaciones capaces de mantener los terrenos saturados.

“Tenemos los mismos tres factores en la zona: precipitaciones intensas, laderas de fuerte pendiente y suelos sueltos producto de incendios recientes”, advierte Caamaño.

Aunque una eventual emergencia no necesariamente tendría las mismas características que la observada en Santiago, los antecedentes del Gran Concepción muestran que los deslizamientos y movimientos de terreno constituyen una amenaza presente en distintos sectores.

Por ello, el especialista plantea que el monitoreo, la mantención preventiva, los sistemas de alerta, las obras destinadas a retener sedimentos y una adecuada planificación territorial resultan fundamentales para disminuir los riesgos en zonas donde coinciden pendientes, suelos debilitados e infraestructura urbana.

Imagen de contexto: Agencia Uno.